Esta tendencia no se limita a ser una respuesta a hechos triviales, sino que se muestra en condiciones más extremas de triunfo o desastre. Las investigaciones realizadas con los ganadores de la lotería, descubrieron que el entusiasmo inicial terminaba por desaparecer y los individuos regresaban a su estado de ánimo habitual. Otros estudios han demostrado que incluso quienes se han visto afectados por acontecimientos catastróficos, como el cáncer, la ceguera o la parálisis, suelen recuperar o aproximarse mucho a su nivel anímico normal después de un período de adaptación.
Así pues, si siempre regresamos a nuestro nivel habitual. con independencia de las condiciones externas que nos afectan, ¿que determina ese nivel habitual? Y lo que es más importante ¿se puede modificar este y restablecer a nivel superior?
Recientemente, algunos investigadores han argumentado que el nivel de bienestar de cada individuo está determinado genéticamente, al menos hasta cierto punto: estudios como el que ha descubierto que los gemelos univitelinos o idénticos ( que comparten la misma dotación genética) tienden a mostrar niveles anímicos muy similares, al margen de que fueran educados juntos o separados, han inducido a los investigadores a postular la existencia de una tendencia determinada biológicamente, presente ya en el cerebro antes de nacer.
Pero aunque la dotación genética tuviera un papel en la felicidad cuya importancia aun no se ha establecido, la mayoría de los psicólogos están desacuerdo en que, al margen de ella, podemos trabajar con el factor mental e intensificar las sensaciones que tenemos de felicidad. Ello se debe a que nuestra felicidad cotidiana está determinada en buena medida por nuestra perspectiva. De hecho, que nos sintamos felices o desdichados en un momento determinado frecuentemente tiene que ver con la forma de percibir nuestra situación, con lo satisfechos que nos sintamos con lo que tenemos actualmente.

















.jpg)
